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Jueves, 17 Junio 2021 17:24

El infravalorado Raúl Rodrigo Lara.

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Por Héctor Hernández

Cuando Juan ‘Cheche’ Hernández anotó al Cruz Azul a  los seis minutos el primer gol del América en la final de Liga 88-89 y corrió eufórico a la grada de un enloquecido estadio Azteca,  me llamó mucho la atención que quien primero fue a felicitarlo estallando en júbilo fue el chamaco recoge balones del partido, y se abrazaron con una empatía absoluta.

 

“¡Qué suerte tiene ese niño!” pensé.

 

Un año después, el 19 de septiembre de 1990, en el estadio Luis ‘Pirata’ Fuente de Veracruz, durante el torneo de Copa 90-91, -que en su reglamento tenía la peculiaridad de que los equipos debían alinear en cada partido a dos jóvenes de categorías inferiores-  se da el debut de un futbolista que ningún aficionado tenía en el radar, Raúl Rodrigo Lara Tovar.

 

¿Quién era Rodrigo Lara?... Pues ni más ni menos que aquél chamaco suertudo que feliz de la vida abrazó y festejó con Juan Hernández el gol en la final contra la Máquina Cementera un año atrás. Ahí todo cobró sentido.

 

Magnifico medio de contención surgido de fuerzas básicas, entró a substituir a Isaac Terrazas –otro novel jugador en dicho torneo- cuando el América perdía 0-3 contra los Tiburones Rojos al medio tiempo. No sabemos cuáles fueron las instrucciones que recibió del técnico Dragoslav Šekularac, serbio que a duras penas hablaba castellano. Pero lo que sí sabemos, es que después del complemento, las Águilas ganaron ese juego copero 4-3.

 

¿Talismán?, puede ser. ¿Suerte? Tal vez. No era fácil ganar en Veracruz como visitantes y menos aún anotar cuatro goles en 45 minutos. El América lo hizo y con Lara en la cancha.  Fue un debut inolvidable para el adolescente que tenía en el momento de debutar  17 años, 6 meses y 20 días, siendo con eso, uno de los 10 futbolistas más jóvenes en debutar oficialmente en la historia del Club América.

 

Ahí empezó el largo camino de Larita, que forjó una historia propia, de clase, orgullo, y calidad. Fue el primero de sus 387 partidos oficiales en el América.  Es el prototipo del jugador ideal para el cuadro de Coapa: nacido en el nido águila, con clase futbolística y con el don de líder que todo jugador que lleve en sus venas la sangre americanista, debe tener.

 

Tuvieron que pasar dos torneos de Liga completos, 90-91 y 91-92 para que con el cambio generacional, Lara tomara la alternativa finalmente de ser titular. Y esa se la dio el técnico brasileño Paulo Roberto Falcao, que en su triste y terrible gestión al mando del América, fue lo único bueno que hizo.  Ya sin Cristóbal Ortega en el equipo, a las Águilas les urgía el medio de contención que hiciera una labor similar a la de la leyenda azulcrema.

 

Esa 92-93 Lara disputó 31 partidos en Liga y 6 de Concacaf, en la cual salió campeón. Casi nada. En su primera campaña como titular, se corona internacionalmente, a lado de figuras consagradas mundialmente como Hugo Sánchez y Oscar Ruggeri y compañeros americanistas de gran talento como Luis Roberto Alves ‘Zaguinho’, Germán Martellotto, Gonzalo Farfán y el propio Juan Hernández, aquél que Lara veía como ídolo unos años atrás.

 

Empezó ahí una larga carrera del mediocampista, no solo en el América sino en la selección Nacional, tanto juvenil, como olímpica y mayor.

 

Juegos Panamericanos en Mar del Plata en 1995, Juegos Olímpicos en Atlanta 1996, Copa del Mundo en Francia 1998 así como Copas América, Copas Oro y eliminatorias mundialistas figuran en su currículo.

 

Y fue justamente en una de esas eliminatorias, jugando en Panamá, cuando él solo y por culpa de una cancha infumable, se rompió la rodilla y se puede decir que fue el principio del fin.

 

Le costó regresar en un primer plano, pero le alcanzó para lograr lo que toda su carrera había deseado, había añorado: ser campeón de Liga con el América, situación que por fin se dio en el Verano 2002. 

 

Casualmente, desde que abrazó a Juan Hernández en 1989 en aquella final contra Cruz Azul, el América no volvió a disputar otra final más hasta mayo de 2002, cuando le ganaron épicamente al Necaxa. 

 

Inolvidables momentos como americanista vivió Raúl Rodrigo Lara, como cuando por tratar de despejar un balón con la cabeza, José Antonio ‘Tato’ Noriega del Monterrey le dio una patada en la de pensar y el pánico se hizo presente esa noche de lunes en el estadio Azteca cuando tuvo que salir en ambulancia rumbo al hospital no sin antes haber convulsionado en el terreno de juego.

 

O cómo olvidar cuando el América tuvo que jugar el 9 de abril de 1998 en Brasil contra el Vasco da Gama un partido de Copa Libertadores  y ¡al día siguiente! tuvo que disputar contra Toros Neza en Ciudad Nezahualcóyotl un cotejo de Repechaje del torneo de Verano 1998. El ‘6’ fue el único jugador americanista que vio acción en los dos duelos.

 

También es imposible olvidar cuando estuvo a punto de agarrarse a trompadas con Ricardo Lavolpe, entrenador del Atlas y ex técnico americanista, -quien en su paso por las Águilas en 1996 no trató  muy bien a los jóvenes como Lara-  y se burló del América en un partido en el estadio Jalisco. 

 

Pero lo más importante de Raúl Rodrigo Lara fue esa labor silenciosa en el terreno de juego, cumplidora al ciento por ciento, ese liderazgo que lo distinguió sobre sus demás compañeros y que lo llevó a ser muchas veces el capitán del equipo. Un auténtico americanista de pies a cabeza 24/7, de los que ya no hay, de los que extrañamos, esos que muchas veces son infravalorados por no tener los reflectores sobre ellos, pero son al mismo tiempo, los más importantes del equipo. Ojalá y llegue uno como él,  y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!

 

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